Mostrando entradas con la etiqueta 15M. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 15M. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de mayo de 2021

LA FALACIA DEL 15M

 El movimiento 15-M de hace ahora 10 años no nació para frustrar tanto anhelo por parte de los que iban a asaltar los cielos. El balance de tanta indignación no puede ser más lúgubre. El verbo no se ha hecho carne.

Diez años después del movimiento 15M que tanto llamó la atención en el mundo, podemos sacar balance. Inflación de las reivindicaciones sociales, deuda con la historia y estafa de quienes intentaron capitalizar la ola de protestas sociales más amplias jamás vividas en España en el siglo XXI. Toda una falacia en vista a los resultados frustrantes para tantos indignados que en el lenguaje de las pancartas podría resumirse en: “Fuck 15M” (Fastídiate indignado)

De todas aquellas demandas sociales, reformas, indignación, finiquito de la corrupción, de los privilegios de la casta política, del “y tú más”, del bipartidismo o de las injusticias sociales, diez años han servido para certificar el gatillazo de quienes asaltaron los cielos pero incumplieron tantas promesas. El verbo sin lograr hacerse carne.


Eso sí, el “Sí se puede” de las protestas ha servido al menos para que 10 años después quede al menos en la memoria colectiva unos cuantos hitos que la mayoría de las protestas callejeras no tenían en mente entonces. A saber: sacar a Franco del Valle de los Caídos, abrir las fosas de la guerra civil, aprobar la eutanasia, normalizar los embustes y engaños, la proliferación de imputados  sin dimitir, amén del esplendor del paro histórico (tanto juvenil como de larga duración), las subidas de sueldos de sus mandatarios, la presunta financiación ilegal de partidos anti-casta, y la dependencia de  golpistas, etarras y delicuentes para llevar los designios de la nación mientras el país padece la madre de todas las crisis.


Pero al enemigo ni agua


Al enemigo por supuesto ni agua, aunque tanto pregonaran el diálogo.   

Mostrarse crítico a la falta de gestión de quienes llegaron de la calle para cambiar los cielos o a los continuos cambios de pareceres es recompensado con el lindo calificativo de “fascista”.


Para ver noticia completa en:


https://www.mundiario.com/articulo/politica/falacia-15-m-verbo-indignacion-hizo-carne/20210515144903219215.html



lunes, 10 de diciembre de 2018

EL ESTADO DE BIENESTAR EN EUROPA ESTA EN CUESTION

La llegada de movimientos y partidos populistas, la desafección por las formaciones clásicas y las fallidas recetas socialdemócratas a los tiempos de crisis ponen de manifiesto una cosa: el estado de bienestar en Europa está en serio riesgo.

Otros fenómenos como la globalización, la digitalización de la economía, la baja natalidad de los europeos y el impacto del cambio climático fomentando también la migración, no han hecho sino acelerar el cambio de paradigma de la “economía social de mercado” (nacida a raíz de la II Guerra Mundial en Alemania para costear ayudas a los más débiles con prestaciones sociales y el welfare state o Estado de bienestar que conocemos).


Las políticas socialdemócratas hacia las clases más desfavorecidas, en ocasiones clonadas también por partidos conservadores o neoliberales, se han mantenido prácticamente intactas hasta la aparición de la más grave crisis económica en Europa en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. 

En el caso de España, nuestro estado de bienestar, flaco en comparación con nuestros socios de Europa central y del norte, también se ha resentido con la implosión de la crisis hasta el punto de haber afectado a  instituciones y la totalidad de formaciones políticas. La aparición del 15M fue el primer brote de descontento social conocido en Europa. A día de hoy, los casos de corrupción -en especial de instituciones públicas, en teoría garantes de la ética de lo políticamente correcto-, han socavado por un lado la confianza de los electores y provocado un revulsivo en la Democracia, dando origen a formaciones extremas, tanto de izquierdas como de derechas, que han acabado con el bipartidismo clásico de forma  similar, aunque por razones distintas en el resto de la UE.

La primavera árabe y los conflictos en determinados países entre ellos Siria, no han hecho sino aflorar el problema de la migración masiva. Otros países subsaharianos se han adherido a las pateras con rumbo a las costas del sur de Europa, poniendo de manifiesto que la UE no es consciente del desafío integral de una especie de invasión masiva de origen musulmán, sino que además la yuxtaposición con la crisis económica y la crisis del euro están dado al traste con las paupérrimas arcas del Estado de bienestar en la vieja Europa.

A día de hoy, los partidos socialdemócratas y socialistas de prácticamente toda Europa, han consignado sus índices electorales más bajos desde el fin de la contienda mundial. Y los conservadores, anclados en postulados que no terminan de conectar con el presente. En su lugar, han emergido  partidos populistas (de un extremo y otro) que son tildados por sus contrincantes de radicales, xenófobos y/o anti-europeístas.

Con este trasfondo, unido al terrorismo islámico, los nocivos efectos del cambio climático, los conflictos bélicos en numerosas regiones, la ola de refugiados, migrantes y su impacto en las sociedades de acogida, la disparidad de criterios a la hora financiar el mayor gasto social a costa de un mayor déficit y deuda públicas, junto con las particularidades del Brexit y el fin del combustible fósil para mitigar las muertes por contaminación, evidencian que los políticos y los electores están abrumados. Pero en algo coinciden: la resistencia al fin de la era del “papá Estado” .



Cada vez hemos de afrontar a tantos frentes (sociales, económicos, políticos, ambientales, digitales y hasta demográficos) que difícilmente se pueden seguir financiando como antaño. La lenta exterminación de los europeos -con sus casi ínfimas tasas de natalidad- se intenta compensar con millones de migrantes de credos diferentes aún a costa de su integración. A esto se suma la 4ª Revolución digital que imparablemente dará un revulsivo al mercado laboral (con la implantación de los robots, la IA, las máquinas inteligentes) y seguramente hasta a la democracia digital (eDemocracy).

Pretender mantener el estado de bienestar tiene un alto coste. Pero más desgaste tiene negarse al cambio de paradigma y superar la zona de confort. La comodidad nunca es buena consejera. Los más atrevidos son vilipendiados en la opinión pública porque cuestionan los intereses de unas clases privilegiadas. Pero no hay punto de retorno. Como no tiene retorno el reto del cambio climático, el fin del bipartidismo y la Industria 4.0.

¿Cómo se financia todo esto? Esta es la cuestión. En  vez de ahondar en el debate, optamos por la confrontación política y social. Porque nos da pánico lo desconocido.  Ya no vale la política ni la religión (cuestionada además por la impunidad de los casos de pederastia) de siempre. En un país como España, ultraconservadora y ultra-moralista hasta poco antes del 2008, hemos pasado a liquidar los valores y principios más elementales con la crisis, la corrupción y el rechazo a las reformas estructurales. La democracia en Europa depende también del estado de bienestar. Definir las prioridades y los desafíos, su financiación y co-pago pero apelando también a la gobernanza, nos obligará a conjugar nuevos verbos. 

El siglo XXI digital y verde debe plantearse muchas cosas, y tolerar la valentía que se enfrenta a molinos de viento en toda Europa. El interés colectivo frente al individual. Los planteamientos socialdemócratas de antaño frente a los postulados de nuevo cuño de democracia digital.