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domingo, 20 de septiembre de 2020

EN LA NUEVA VIDA

   Estoy encantado con la nueva vida. Sí, aquella que dejó atrás por la fuerza la vieja vida, antes de la pandemia. Ahora, pese al riesgo de contagio, creo que apunta maneras. Estamos priorizando y cambiando poco a poco ciertos paradigmas internos. Hábitos, quejas, expectativas y hasta las emociones. Antes nos quejábamos de todo, sin razón en no pocas ocasiones. El caso era verbalizar la insatisfacción y hasta la frustración por un deseo incumplido, alterado, marchito. En otras, por el exceso de estrés, las jornadas prolongadas de trabajo, el tedioso viaje a la oficina y vuelta a casa, las reuniones sin sentido, la llamada del jefe a última hora de la jornada cuando estabas a punto de recoger la mesa y salir pitando. 

En casa te esperaban o no con los brazos abiertos, y el microondas sonriente para descongelar un plato rápido de cualquier cosa. El pan siempre falta, y la fruta pocha. Por eso también nos frustrábamos. El cansancio te impedía realizar muestras de cariño a la pareja, y ya no digo cumplir con el precepto de contarlo todo, porque si no eras tildado de introvertido. En la Nueva Vida, muchas de esas obligaciones y costumbres han cambiado. Para algunos a mejor. Se comparte más, y el roce hace el cariño.

 Puedes trasnochar viendo alguna peli intempestiva a altas hora de la noche europea mientras en España sigue despierta pero quejosa de falta de conciliación, sabiendo que te levantas (temprano) sin necesidad de afeitar, duchar y echar colonia para montarte en un vehículo rumbo  al embotellamiento. Con el teletrabajo, ganas en calidad de vida aunque no puedas echar una miradita maliciosa a las espaldas de  alguien por el pasillo, no ya por la posibilidad de cometer un delito de igualdad de género de la ministra recién llegada, o de tirar un piropo gracioso por la misma razón inquisidora, sino porque te contienes con la pantalla delante durante la videoconferencia . 

 

Las pausas del café por el cigarrillo se tornan más cortos, porque sigues conectado aunque saques el pescuezo por la ventana para evitar contaminar de humo el salón de casa. Con la Nueva Vida, sin echar la mirada atrás que suele ser una condición muy católica, me he vuelto protestante. Miro al futuro con optimismo, apuesto por superar los reveses de la vida, aunque no signifique que olvide la pandemia y sus efectos. Me lleno de espíritu de superación, de sacrificio y de hacer mejor las cosas que antes. La conformidad y mediocridad de la antigua vida, deja paso a la deportividad del batir récord. Y eso, que aún no estamos contaminados del ADN digital, ni de la Inteligencia Artificial (IA) ni de la resurrección robótica.

 

La Nueva Vida se ha tornado, gracias a la pandemia, algo más digital, pero también más sostenible, menos derrochadora como apunté antes. Si antes abrazábamos el “cuanto más mejor”, ahora cultivamos el eslogan zen: “Menos es más” hasta la extenuación.  Sabemos que el planeta depende de que consumamos mejor, con más cabeza, evitando el despilfarro y  la obscenidad de la obsolescencia programada. Ahora nos lo pensamos dos veces. Hay quienes como un servidor opta por los objetos de segunda mano en buen estado. Salvo que tengas que ir a una boda, que no creo, porque la mayoría de mis amistades ya están divorciados, separados o casados por comodidad, y ya no se tercia la necesidad de salir corriendo a ir a comprar un traje hortera en unos grandes almacenes para que luego que se conserve en el ropero con una pastilla de alcanfor, el más famoso terpenoide que los químicos conocen con la impronunciable fórmula C10H160. 

 

Ay, la Nueva Vida. Falta trabajo, antes también, ingresos, igual que antes de la pandemia. Falta protección y estado de bienestar, pero antes tampoco era para tirar cohetes. Antes gastábamos el dinero público sin control. Ahora también, pero ya nos hemos esforzado en calcularlo. Dicen algunos que son unos 120.000 millones de euros anuales que dedicamos a subvenciones y carguitos en España. Antes lo sospechábamos, ahora hay unos caraduras que lo ocultan, añoran la falta de ingresos y amenazan la subida de impuestos. Cualquier cosa antes que acabar con los privilegios de unos enchufados. Europa hacía la vista gorda. En la Nueva Vida la UE ya convive con nosotros como una suegra impostora. Vigilando el gasto y las aberraciones del gasto, del déficit y de la deuda públicas.

 

Estoy encantado con la Nueva Vida. Ya no hace falta salir al quiosco a comprar prensa que todos contaban el mismo cuento de forma interesada. Han proliferado los medios digitales, las redes sociales,  la información online y digamos visiones out-of-the-box (fuera del cubo). Es una maravilla la nueva libertad de información, aunque provoque los ERTES en grupos de comunicación clásicos por resistirse al cambio.

 

Lo peor de la vieja vida, antes de la pandemia, era la obstrucción al cambio. Todo eran excusas para cambiar el paradigma, el modelo de negocio, las formas de hacer las cosas en nombre de una ficticia costumbre arraigada en la moral inmoral católica de nosotros los españoles. Ahora ya no descartamos volvernos mormones o anabaptistas con tal de salir airosos de la crisis más grave de todos los tiempos: sanitaria, económica, socio-política e institucional. Antes charlábamos sin escuchar como si lleváramos tapones en los oídos. Ahora con el trapo en la boca, hablamos más alto pero sin seguir oyendo. También es verdad que hay gente para todo. Noto que mandamos más mensajitos de voz y texto por el smartphone. Ahora callamos, asentimos y tecleamos más y nos las ingeniamos para decir más con menos. El espíritu zen ha llegado para quedarse. Sólo en sede parlamentaria se escenifica más y se derrocha más vocablos. La paralingüística y la paroxia han asaltado el Congreso, los pasillos y los debates acusadores. Ahora ya no escondemos el descaro por inculpar a la historia, a Franco, a Aznar, Rajoy y a Ayuso de todos los males del presente. Porque la historia en la Nueva Vida vive más el presente que nunca. ¿Y el futuro?, se  preguntarán: para cuando se vuelva pasado.

 

¿Y qué me dicen del derrumbe de la economía? Forma parte de la Nueva Vida. Me preocuparía que se hubiera derrumbado en países del G-7. Pero en el nuestro, que ya no sé si está en el G-20 o en el G-50, se ha convertido desde antes de la penúltima crisis en la nueva normalidad. Desde que tengo uso de razón en los años 80 como quien dice, España vive, sale y vuelve a caer en una crisis, y cada una peor que la anterior. Las reformas estructurales siguen sin acometerse. También es otra normalidad no atreverse como buen patriota acabar con la desindustrialización de España, el monocultivo del turismo o con esquemas propios de otro siglo que engordan el paro, en vez de mirar al siglo XXI de la revolución eco-digital y gobernanza mundial. El milagro, como casi siempre, tiene que venir impuesto por Europa, para encubrir nuestras faltas de responsabilidades, de consenso y el alto coste electoral. Mientras tanto, en la Nueva Vida, miramos a la mujer del tiempo, que ha dejado el mapa de las isobaras, se ha vestido de cuero negro y cogido el látigo, y se dedica a atizar de ideología un debate que debería transcurrir como las nubes cirros. 

 

Ay, pese a toda impostura, insolencia, intolerancia, ingratitud, intransigencia de la Nueva Vida, me quedo con el hecho de que el género humano evolucionará en la democracia de la era dC (después del covid). La raza española, infectada o no de nuevos virus inmencionables, nos volveremos mestizos, rumiantes de C02, multidisciplinares y administradores de una globalidad de escalera, ajenos a los movimientos telúricos socio-tecnológicos del planeta, pero adictos al último murmullo rosa. Chín-chín.

 

 

 

viernes, 26 de enero de 2018

IGNORAR LA POLITICA EXTERIOR DESTRUYE EMPLEO

Descuidar la política exterior es descuidar la creación de empleo. Y eso es lo que está pasando en España. Pero no sólo con el actual gobierno de Mariano Rajoy (PP), sino también anteriormente con Aznar (a excepción del segundo mandato) y en especial con Zapatero (PSOE). Pese al superávit comercial y la gran labor exportadora de las empresas españolas en los últimos años como antídoto eficaz para compensar la caída de la demanda interna y combatir la crisis, el poder político de prácticamente todos los colores tampoco apuesta por abandonar  la vía del  provincianismo en política exterior.







Desde prácticamente todas las elecciones generales -con excepción de las europeas- casi ninguna formación política española ha definido en su programa electoral el rol de   España en el exterior, salvo la única excepción de contribuir a la construcción de la UE. Durante todo ese tiempo, ni en campaña ni en los programas electorales ni en el día a  día, hemos visto que nuestros líderes políticos -a diferencia de otros vecinos próximos- tuvieran una idea muy clara del papel que ha de asumir España en el escenario internacional, más allá de la UE. Parte de culpa también hay que achacar al cuarto poder, porque la prensa también ha obviado por las mismas razones los debates de cuestiones internacionales y se ha contagiado de cuestiones domésticas. Existen numerosos programas de debate político en los medios donde nunca o casi nunca se ha profundizado la política exterior de España y el papel en el mundo global que debería desempeñar con propuestas para llevar a sus socios en otras capitales.

Sobre el papel reiteramos el mantra del rol destacado de España en Hispanoamérica y en el mundo árabe. En la práctica,  salvo aquella Cumbre de la Paz para Oriente Medio celebrada en Madrid  en 1991 a iniciativa del gabinete de Felipe González (PSOE), no recuerdo otras similares en política internacional. Y España se debe mucho a los mercados exteriores y a la capacidad exportadora de nuestro tejido empresarial.  Si no fuera por ello, tal vez las cifras del desempleo no se habrían recortado como lo viene haciendo desde la crisis del 2008.

Sin embargo, parece que nos cohibe tomar protagonismo incluso en el seno de la UE con iniciativas de política exterior. Es más, existe la impresión generalizada que cuando se celebran cumbres de líderes mundiales, solemos colarnos de "chiripa". Inclusive en otras citas internacionales de proyección global como Davos, solemos ser reacios a que nos represente, intervenga y protagonice un jefe de gobierno español con alguna iniciativa de calado internacional. Suele aludirse al eufemismo de "problemas de agenda". Más bien creo que arrastramos un complejo de inferioridad por tener unos líderes que no hablan idiomas en unos casos, o porque producto del mismo complejo en otros nunca es una prioridad, como tampoco lo es en la lucha contra el cambio climático o la digitalización de la economía. Preferimos adoptar la postura de los legendarios líderes en vez de hacer nuestra propia propuesta.

Delegar en nuestros embajadores y/o "sherpas" del gobierno con buen nivel de inglés, no debe ser tampoco una excusa. Rajoy ha anunciado hace unos días que el Español será en adelante en un "proyecto de Estado". Ya era hora. En especial cuando hay tantas empresas de diversos ramos que comercian con el Español. Sin embargo echo de menos un sector multipolar que esté considerada como  una  "industria del español". El español y todo el negocio afín bien se merecen una industria propia, ya que es tal vez el primer artículo de exportación de la Marca España. Algunos estudios sitúan el valor económico del español en el 16% del PIB nacional. Sin embargo, englobar la facturación de todas las empresas afines a la "industria del español" dentro y fuera de España, bien podría alcanzar un valor muy superior.

Pues a pesar de declarar sorpresivamente que el Español forma parte ya de la Agenda del estado, España se resiste a ganar protagonismo en plazas internacionales, por falta de idiomas y/o exceso de complejos. El actual jefe de gobierno podría hacerlo en  español, pero tampoco lo hace. Como tampoco se vislumbra que tras el brexit, el español vaya a jugar un rol más destacado como uno de los idiomas prioritarios en las instituciones comunitarias (tras el francés, inglés y el alemán). Al contrario, nos han postergado a la segunda división  en la Oficina Europea de Patentes.

Pues bien, con o sin español, la política exterior abre y acerca mercados,  consumidores, posibilita inversiones, captación de pedidos y sobre todo creación de empleo cualificado con la consiguiente repercusión positiva en el PIB. Sin embargo, ni la clase política actual destaca por ello ni parece que vaya  cambiar el chip para vender Marca España y sobre todo defender unos intereses muy definidos en algunas de los frentes internacionales. El cuerpo diplomático tampoco parece que se haya puesto al día. Otras cancillerías aprovechan su personal diplomático para realizar "diplomacia comercial" y captar nuevos mercados para sus empresas nacionales. Aquí aún atiborramos las legaciones diplomáticas con fieles funcionarios de carrera (salvo alguna plaza con carnet político,   como recompensa por los servicios cumplidos). De ahí a posicionar el CD como una estructura de Estado para mejorar la competitividad de España en mercados externos, media una gran brecha. No son pocos los empresarios que se quejan de la falta sensibilidad y de apoyo institucional por parte de nuestras legaciones diplomáticas. 




En un entorno cada vez más global y digital, nuestro Cuerpo Diplomático, como el gobierno y los partidos políticos deberían hacer un esfuerzo y no dejar que nuestro protagonismo en materia exterior sea desplazado  por las naciones emergidas y emergentes. Nos hace falta una estrategia: global, por regiones, por intereses, por zonas de influencias. Y venderla. Y si no lo podemos hacer en inglés, hagásmolo en Español. Al fin y al cabo, el hecho de que la comunidad hispana en los EEUU sea la más numerosa e influyente (sus casi 60 millones de hispano-parlantes actuales les ha convertido en el segundo país del mundo más numeroso de habla hispana), bien debería merecerse una especial atención de las autoridades en Madrid. La realidad actual es que desde la pérdida de las últimas colonias en ultramar en 1898, España ha perdido brillo en los pasillos internacionales.

Una última recomendación para solventar el "complejo de enano en política exterior": profesionalizar a nuestra clase política con idiomas y cierta experiencia internacional. Tiene que ser un  referente también para el resto de los sectores sociales. Hasta que no acabemos con el complejo, no nos atreveremos me temo a tomar iniciativas en política exterior como hacen nuestros vecinos aventajados, muchos de ellos en un idioma mucho menos universal que el Español.


jueves, 24 de agosto de 2017

EUROPA ANTE EL RETO DIGITAL NO PUEDE SEGUIR RESISTIENDOSE AL CAMBIO

La resistencia al cambio. Esta es tal vez la característica más sobresaliente en Europa, y España tampoco es ajena. Cualquier modelo innovador de negocio digital que parezca poner en peligro las empresas ya existentes son respondidas por sus colectivos con amenazas y huelgas. Así se entiende que en la UE, a diferencia de EE.UU., cueste que triunfe la innovación en la nueva era digital con empresas de la denominada economía colaborativa. Y la resistencia no sólo es social, sino también legal y política. En ocasiones, porque sus legisladores proceden del pensamiento analógico. Un emprendedor diría: "Es el futuro digital, imbécil". Otros que es la economía del conocimiento




Empresas como Cabify, Uber, Airbnb, pero también Google, junto con Amazon, Apple, Netflix o la proliferación de los drones por mencionar unos cuantos, nacen y  se disparan en la bolsa tecnológica de USA. En  Europa por contra le buscamos todas las cosquillas para defender la inmovilidad y resistir una tendencia importada que está por ver su futuro. En el fondo, hay que reconocer que los modelos clásicos (analógicos) en Europa no  se pueden justificar sólo argumentando la  defensa a ultranza de los derechos de los trabajadores y el pago de los impuestos (faltaría).

La llegada de la 4ª revolución digital, la inteligencia artificial  y las máquinas inteligentes, trastocarán (también en Europa) todos los oficios y empresas de cualquier sector. Pero sobre todo el talento y el aprendizaje cognitivo. Hay que amoldarse, no oponerse parapentándonos en el marco legal vigente. El marco normativo se puede y debe adaptar, permitir y saludar los nuevos conceptos digitales.

Qué pasará entonces cuando se digitalice (robotice) en los próximos años algunos sectores analógicos como:
- la enseñanza presencial y el papel de los maestros (primaria, secundaria y superior)
- las farmacias y la venta de medicamentos
- la salud asistencial y el papel de los médicos
- la asistencia jurídica y la burocracia judicial
- las finanzas, las auditoras y el controlling de las cuentas
- la banca de barrio
- los Recursos Humanos y el nethunting
- las relaciones personales y los robots de compañía
- la política clásica frente a la gobernanza digital
- la religión y la nueva visión de la fe (New Age por ejemplo)
- o la ética y moral clásicos frente a los nuevos valores

¿Saldremos a la calle en huelga para defender el status-quo? ¿Paralizaremos la economía porque han surgido nuevas iniciativas digitales que compiten por buscar su nicho de mercado en contra de los modelos de empleo clásicos? Cada vez son más los gurús que auguran que en pocos años todos los oficios y negocios se volverán digitales para sobrevivir en un mundo interconectado. Cuanto antes asumamos el cambio de paradigma en Europa mejor para innovar y crear empleo, aunque conlleve alterar un marco normativo que sigue anquilosado en el pasado.


No puede ser que modelos y productos del siglo XIX sean los que marquen las pautas del siglo XXI en los inicios de la era digital. Ninguna revolución anterior se impuso sin dolor, pero no por ello  debemos anclarnos en el pasado y oponernos al progreso. Porque Europa o demuestra músculo para adaptarse al futuro o estará condenada a ser un continente de la tercera edad.

jueves, 9 de junio de 2016

EUROPA, DESPIERTA: EL SORPASSO A LA DEMOCRACIA DIGITAL

La crisis económica y del capitalismo renano (social de mercado), el paro, la corrupción galopante, la politización de los tres poderes, la impunidad y la in-justicia con causas que demoran hasta más de un  decenio, junto a la falta de consensos generales (dentro y fuera de la burocrática Europa), de valores morales y éticos, así como la excesiva bunkerización de ciertos intereses políticos por encima de los más elementales de la sociedad civil, han logrado un hecho que pocos desean admitir: el desencanto de las democracias  occidentales hasta niveles propios de la República de Weimar, amenazando el ascenso de Trump en EEUU, así como de los populismos y nacionalismos que alientan el Brexit y el Euroxit.

 En tan solo una generación, Europa (y España en particular) por su falta de coherencia, firmeza, autoridad, compromiso y dejadez moral han hecho de los valores   un campo de batalla donde todo vale. Por suerte que vivimos en el seno de la UE y la OTAN porque nunca tanto, hasta donde llega la memoria, podríamos estar "peor" que nunca. En otros tiempos allanó la senda que permitió la llegada de Hitler, las dictaduras y las contiendas mundiales. Hoy por suerte, mantenemos ciertas libertades aunque otras son continuamente pisoteadas con absoluta impunidad sin revuelos sociales: tanto para el autor como para las víctimas. Contienda mundial aunque no lo parezca sí que padecemos, ignorando cómo gestionarla en suelo europeo, debido a los conflictos próximos en el Cáucaso, Siria, Afganistán, Iraq, Oriente Medio, la llegada masiva de refugiados inmigrantes a suelo comunitario, la amenaza yihadista, el terrorismo etc  Aún así seguimos mirando a otro lado, mientras los valores democráticos se recortan y los atropellos de los más débiles no terminan de repararse.

Hoy la amenaza no es que llegue un nuevo Hitler, en todo caso el acecho al poder democráticamente de unas fuerzas nacionalistas y/o populistas (como en España, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Holanda, Austria, Hungría, Grecia o incluso EEUU) cuyo único interés no es el respeto de las mayorías  sino la imposición de unos programas políticos que parecen catálogos de venta de artículos por correo a costa de unas clases sin cuota de pantalla. Lo grave es que los electores somos los que estamos legitimando este fenómeno sin dar el merecido escarmiento a los provocadores de tanto anti-sistema por la derecha y por la izquierda. La convivencia se torna cada vez más ardua y la clase política a lo suyo: celosa de perpetuar sus privilegios analógicos y el status quo sui géneris cada vez más alejado de la realidad de la calle.


La sangre podría correr, pero nuestros valedores de los principios democráticos seguirían a la gresca haciéndonos ver que las acciones y reacciones llevan su tiempo, sus cónclaves y plazos, mutiladas a su vez por la burocracia y consultas de expertos en la teoría de los juegos. La anafilaxia en la  toma de decisiones ha contagiado al resto de los poderes públicos, instancias, actitudes y aptitudes, hasta afectar a la enseñanza, la diplomacia, el deporte, el arte o el mismo ocio forzoso. Es lo que tiene los excesos del liberalismo, digo de la Democracia analógica, que con la globalidad y el sobrevuelo de lo Digital, aún nos cuesta repensarnos y mantener la coherencia. Interna y externa. Se acabó la excusa que  todos los malos siempre lo arreglen los mismos. La decadencia europea (y española) no pueden caer más bajos. El hecho que la democracia analógica atraviese sus peores momentos no es excusa para ignorar el sorpasso de la democracia digital. Que reclama diligencia, responsabilidad, valentía, audacia, arrojo, sí hasta compasión.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

EUROPA, EN LA ESQUIZOSIS

La esquizosis europea nos lleva a llorar a los muertos, cantar La Marsellesa, manifestarnos en las calles, tocar al piano Imagine y hasta criticar cuanta decisión política se tome contra el terrorismo yihadista del #ISIS. Lo estamos viendo reiteradamente en suelo sirio, pero también en Iraq, Afganistán, Niger, Nigeria, así como más recientemente en París y otras capitales de la UE.

Y sin embargo, nos nos damos cuenta que estamos en una guerra, tal vez en una cruzada, santa o atea, pero en definitiva en una contienda sangrienta. Y esta guerra no empezó con la invasión bélica de EEUU en Irak sino mucho antes. Ya lo dicen las estadísticas pero nuevamente la esquizosis nos ciega. En el 2050 el Islám tendrá la misma cantidad de fieles que el Cristianismo. En Europa además, la población musulmana se prevé que aumente en un 63% hasta representar el 10% de los longevos europeos, según ciertos estudios.



No es la primera vez que alerto del exterminio lento de los europeos por la caída en picado de la descendencia. Pero tampoco de la invasión pacífica de la cultura musulmana en suelo europeo. Ya no sólo con la procreación numerosa de todos nuestros nuevos convencidos de credo musulmán, sino también por  aquellos reiterados edictos del #Daesh en favor de reconquistar Europa y hasta el Al-Andalus. Otra manera subliminal está incluso en la repostería. El célebre croissant es un invento otomano que apreciamos en las horas del desayuno y que representa la media luna del Islám. Parece una tontería pero entre el paulatino  exterminio de la cultura cristiana, la acelerada procreación de almas musulmanas, el consumo de  croissants y los reiterados atentados yihadistas, Europa tiene un serio problema.

A este problema se le añade  la falta de voz y consenso en materia de defensa, política exterior, de respuesta a la llegada de refugiados, de integración de población extranjera y ¡de actuación! para detener los sangrientos atentados contra inocentes.

Buscar en la raiz, está muy bien. Pero Europa se caracteriza por dormirse en la búsqueda de los orígenes y el Génesis de las cosas, tanto del bien como del mal. Y cuando alguien actúa, como estos días vemos en París al llevar a cabo bombardeos contra los rebeldes yihadistas en Siria, nos parece inadecuado porque nos compromete a todos.

En tiempos de paz Europa es tan petulante, coqueta y fatua al  presumir de unidad, pero cuando llega el momento  mojamos el papel del tratado de la Unión y de la OTAN, saliendo a relucir la variopinta variedad de intereses nacionales. Nuevamente la falta de consenso, por enésima vez, desde el conflicto en los Balcanes, Ucrania, Oriente Medio, Siria, el de los refugiados, o la crisis monetaria, Grecia, Cambio Climático o el demográfico, los nacionalismos etc pasando por los golpes del terrorismo (sea del que sea de ETA, Al-Qaeda, el yihadista) nos tambalea hasta el esperpento.  Como siempre, los frentes se agudizan y serán nuevamente EEUU, Rusia, China, etc quienes asuman la responsabilidad que eludimos.

Otra de las muchas incoherencias: vender armas a los mismos que atentan contra nuestros intereses nacionales. En otros damos el visto bueno a la entrada de aquellos capitales que financian el ISIS, procesos separatistas o incluso las mismísimas camisetas de algunos clubes de fútbol.

Me temo que sólo aquí en la vieja Europa nos hemos creído al pie de la letra eso del "pecado original" hasta las últimas consecuencias y el cristianismo europeo, embriagado en su anfibología, es incapaz de ser consecuente en sus pensamientos, verbos y obras.

La esquizosis europea nos puede salir cara, muy cara y terminar de dinamitar de una vez por todas la civilización occidental.







lunes, 29 de junio de 2015

LA CRISIS HELANA DENOTA QUE EUROPA ESTA MAS DESUNIDA QUE NUNCA

La crisis griega no se puede contemplar como un hecho aislado que puede afectar tangencialmente el proceso de construcción de la casa común europea y provocar algunas turbulencias pasajeras. Al contrario la crisis de Grecia  y la imposibilidad de consensuar un acuerdo con la troika por el pago de su deuda externa, dará alas a los críticos del partido del primer ministro británico Cameron  en contra de la UE y a favor de votar en el próximo referéndum de una salida del Reino Unido de las instituciones comunitarias.



Los dos frentes abiertos en la UE, uno por el sur (Grexit) y otra por el Norte (UK-exit) -aunque por razones distintas-, abre unas brechas que puede llegar a zozobrar el euro. La falta de un liderazgo europeo claro, los egoísmos nacionales y la enorme burocracia en la que se ha convertido las instituciones comunitarias para afrontar cualquier brete fuera de programa (política de seguridad, exterior, económica, etc) es la mejor pócima que beneficia a sus principales competidores: EEUU, China y Rusia.

A la crisis de deuda helena hay que añadir el ascenso de  partido emergentes populistas y nacionalistas así como las tensiones territoriales en algunos estados del Este europeo  protagonizadas  por el líder ruso Putin -que como en España demandan gratuitamente su independencia para supuestamente poner remedio a sus problemas domésticos vestidos de folclore o volver como en Rusia a recuperar su hegemonía mundial. Por otro lado, el expansionismo del terrorismo islámico por el viejo continente está cuestionando el espíritu cristiano de la vieja Europa y torpedeando los últimos siglos de convivencia pacífica. Hay que recordar que en Europa ya conviven con nosotros más de 20 millones largos de musulmanes repartidos por toda la UE. Tendencia creciente.

Países candidatos de ingreso como Turquía parecen perder interés por formar parte de esta comunidad europea que pierde brillo en el escenario internacional. Incapaz de ponernos de acuerdo con el uso de la tarjeta sanitaria europea, una unidad económica real, fiscal, bancaria, postal, de pensiones, laboral, de prestaciones sociales, o para unificar criterio frente al Cambio Climático, o sobre la digitalización de la economía, etc hacen 50 años después de la creación de la unidad europea que la popularidad del proceso de construcción comunitaria decaiga. Sin en otros tiempos el fin de la II Guerra Mundial nos unió, hoy la UE no ha impedido: otras guerras bélicas a las puertas de casa (Balcanes, Ucrania, Georgia y otras repúblicas caucásicas de la extinta URSS),  la falta de mediación en  conflictos internacionales en Oriente Medio o incluso la fallida gestión ante llegada masiva de inmigrantes de varios continentes por varios flancos meridionales europeos.

Todas esas crisis (europeas, domésticas e internacionales) denotan que la UE está más dividida que nunca. El euro cuestionado entre algunos socios, el Acuerdo de Schengen revocado temporalmente, la crisis del ébola en Africa causó pánico pero impidió coherencia y el colapso de alguna economía no hace si agudizar el panorama. Lo malo es que la UE parece  haber llegado a punto de no retorno ante la ausencia de un liderazgo político en su seno. Hay muchos líderes nacionales, pero ninguno que anteponga los intereses europeos a los nacionales. Ni siquiera en el plano espiritual. Es el actual Papa Francisco de origen porteño quien por primera vez en muchos años parece haber dado el paso  al frente desde el Vaticano en algunas cuestiones morales y éticas del mundo. En resumen, Europa, así no !










jueves, 5 de diciembre de 2013

LA ECONOMIA CIVIL, SUSTITUIRA AL ESTADO DE BIENESTAR ?



La “soberanía del consumidor” ha saltado por los aires con el estallido de la crisis en 2007 a raiz del derrumbe de Lehman Brothers y su contagio a Europa. Con ella, nos ha puesto al descubierto: el derroche, la opulencia, la avaricia, el endeudamiento a tal extremo que ha abocado a la bancarrota o la quiebra técnica de no pocos estados y países.
La reacción inmediata, al menos en Europa, es que las instituciones públicas (nacionales, europeas, internacionales del FMI) salieran al rescate de unos, y que el Estado de bienestar amparase a los más débiles a  través del pago de prestaciones sociales. Como consecuencia, los pobres se han vuelto más pobres y los ricos más ricos, fagocitando a la otrora clase media. El Estado ha llegado a sus límites porque las arcas están vacías. Aunque los más rigurosos presumen de músculo financiero (como Alemania y Escandinavia), esta crisis  ha abierto el debate del estado del bienestar en una Europa de capitalismo renano (social-cristiano) que  va a volver calvinista a la mayoría de los países católicos.

No sabemos a dónde nos va a conducir, pero todo parece indicar que en adelante, tendremos que plantearnos los límites de las injerencias del Estado, si los presupuestos del futuro podrán seguir costeando las prestaciones sociales de los más débiles, las pensiones de los mayores, sufragar las cada vez mayores enfermedades seniles y dependientes, al tiempo que la natalidad alcanza mínimos (y por tanto de cotizantes), el envejecimiento avanza y la esperanza de vida bate récords.

Para algunos expertos, no sólo ha fracasado el capitalismo (como años atrás también lo hizo el comunismo con la caída del Muro de Berlín en 1989), sino también la fe católica. Por el contrario parece imponerse la austeridad propia de países de fe calvinista y luterana.  Para otros, la “economía civil” es un fenómeno que avanza como una mancha de aceite. En todos los casos, bien merece la pena extender este debate entre la opinión pública para saber qué podemos y debemos demandar a nuestros gobernantes.

La UE austera y luterana, a la cabeza de la calvinista Merkel, choca con el despropósito y despilfarro de los países sureños (católicos).
Los principios morales también han afectado a la economía y a la gestión de la  “cosa pública”. El capitalismo especulativo y fracasado igual tiene que dejar paso a una economía civil. Y si no, a algo nuevo, fruto de la reflexión, que conjugue las libertades más elementales en una democracia con el amparo de los que están en riesgo de caer en exclusión social. ¿El Estado podrá con todo?  ¿El capitalismo y la economía social de mercado, imperante hasta ahora en la vieja Europa, será capaz de cambiar de piel? ¿O de reinventarse para sostener tanto gasto público? ¿Alguien se atreve a dar respuestas serias sin el yugo electoralista?


El hombre, en el centro de la economía civil

El concepto de Economía Civil fue acuñado ya en el s. XVIII por el economista y teólogo italiano Antonio Genovesi. Hoy en día esta materia ya se imparte incluso en alguna universidad alpina defendiendo algunos principios económicos, como: la centralidad del hombre en la economía, el bien común, el principio de la reciprocidad, así como el papel cada vez más relevante en las sociedades post-industriales del tercer sector como sustituto del Estado. La institucionalización de la caridad, sin hacer la competencia al Estado, intenta llegar donde el otro no llega por falta de medios y recursos.

En unos momentos que todo se cuestiona, fruto de ese cambio de ciclo, el papel del Estado no es ajeno tampoco. Hasta la fecha, los mínimos del Estado (europeo) se resumen en los siguientes ítems:

-          Defensa de la paz y la concordia
-          Preservar los bienes públicos
-          Servicios mínimos en Educación, Sanidad, Seguridad, Justicia, así como Información Pública
-          Regulación mínima del mercado (mediante la legislación)
-          Ciertos monopolios (por ej, las fuerzas de seguridad)
-          Corregir información imperfecta
-          Externalidades: tanto positivas (como el conocimiento) como negativas (la contaminación)
-          Defender el medio-ambiente (preservar la noosfera)
-          Incentivar determinadas conductas (como  ciertos valores, el ahorro, etc)
-          La defensa de las “minorías”
-          Preservar la especie y evolución demográfica
-          Fomentar la iniciativa privada

-          Proteger la paz social.

Un reto nada fácil pero a la vez apasionante para gurús, visionarios, pitonisos, estadistas y humanistas. Hagan apuestas !!


"La solución a la injerencia del Estado en beneficio del mercado necesita de un despegue de las formas de organización económica que configuran una moderna economía civil ":  Stefano Zamagni

martes, 24 de noviembre de 2009

Suenan tambores por una devaluación del Euro

Se reiteran las voces que recomiendan "ajustes en los tipos de cambio" (devaluación) de algunas divisas -como el Euro- para ganar competitividad y salir de la crisis. Se habla también de "una guerra de divisas en el 2010": China, Japón, la UE, la Opec (esta última porque preferirían cambiar los petro-dólares por petro-euros) son algunos candidatos. A España, desvirgada de su otrora herramienta en política monetaria desde su adhesión al Euro y maestra europea en devaluaciones en los 90- no le vendría nada mal, dada el escaso éxito en política económica y fiscal de ZP.
Al resto de los 27 países de la UE posiblemente tampoco, en especial a Alemania (primera potencia exportadora del mundo), que padece las secuelas de vender sus productos "Made in Germany" en el exterior con un Euro casi un 30 % más fuerte que el dolar. ¿Qué ocurriría de lo contrario? Proteccionismos, más tensiones, agravamiento de la crisis mundial, desesabilización, aumento del paro, endeudamiento público, cierres patronales, destantención de otras prioridades en energía, medio ambiente, educación, etc, etc. Una devaluación orquestada por BCE de Trichet no parece de todo descartada a día de hoy, cuando el cambio ya se situa a 1,4951. Vean si no a continuación el comentario de hace unos años de cierto representante oficial de Bruselas.



La CE admite la posibilidad de devaluar el euro

El representante en España de la Comisión Europea, Miguel Puente Pattison, ha confirmado que el Ecofin puede dar directrices sobre tipos de cambio al BCE, aunque, según ha matizado, que se produzca este caso es muy improbable a pesar de la excesiva fortaleza del euro.

Miguel Puente Pattison cree, no obstante, que sería muy extraño que este hecho se produjera, ya que ahora mismo no existe unanimidad en la postura de los países de la eurozona sobre la fortaleza del euro. Pese a que la subida de la divisa comunitaria ha comenzado a afectar a la economía de Alemania, principal motor de la UE, precisamente es el país germano el principal defensor de una moneda única fuerte. Así, sólo si el euro llegase a “límites intolerables”, que se encontrarían por encima de la barrera de los 1,50 dólares, se podría llegar a una unanimidad al respecto. A día de hoy, el euro se encuentra en un tipo de cambio superior a los 1,44 dólares. El Ecofin jamás ha dado directrices sobre tipos de cambio al BCE, que por otro lado, tiene una política de intervenir lo menos posible en este asunto.

Puente Pattison ha señalado además que, pese a la subida de la moneda única, la eurozona tiene superávit de cuenta corriente, y que una moneda fuerte mantiene más baja la inflación, gracias a las importaciones más baratas y a que amortigua los precios del petróleo, pagado en dólares. Además, fuerza a las compañías exportadoras a mejorar su productividad.
Madrid, martes 30 de octubre de 2007

http://www.americaeconomica.com/portada/noticias/301007/ebeuromar.htm