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lunes, 10 de diciembre de 2018

EL ESTADO DE BIENESTAR EN EUROPA ESTA EN CUESTION

La llegada de movimientos y partidos populistas, la desafección por las formaciones clásicas y las fallidas recetas socialdemócratas a los tiempos de crisis ponen de manifiesto una cosa: el estado de bienestar en Europa está en serio riesgo.

Otros fenómenos como la globalización, la digitalización de la economía, la baja natalidad de los europeos y el impacto del cambio climático fomentando también la migración, no han hecho sino acelerar el cambio de paradigma de la “economía social de mercado” (nacida a raíz de la II Guerra Mundial en Alemania para costear ayudas a los más débiles con prestaciones sociales y el welfare state o Estado de bienestar que conocemos).


Las políticas socialdemócratas hacia las clases más desfavorecidas, en ocasiones clonadas también por partidos conservadores o neoliberales, se han mantenido prácticamente intactas hasta la aparición de la más grave crisis económica en Europa en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. 

En el caso de España, nuestro estado de bienestar, flaco en comparación con nuestros socios de Europa central y del norte, también se ha resentido con la implosión de la crisis hasta el punto de haber afectado a  instituciones y la totalidad de formaciones políticas. La aparición del 15M fue el primer brote de descontento social conocido en Europa. A día de hoy, los casos de corrupción -en especial de instituciones públicas, en teoría garantes de la ética de lo políticamente correcto-, han socavado por un lado la confianza de los electores y provocado un revulsivo en la Democracia, dando origen a formaciones extremas, tanto de izquierdas como de derechas, que han acabado con el bipartidismo clásico de forma  similar, aunque por razones distintas en el resto de la UE.

La primavera árabe y los conflictos en determinados países entre ellos Siria, no han hecho sino aflorar el problema de la migración masiva. Otros países subsaharianos se han adherido a las pateras con rumbo a las costas del sur de Europa, poniendo de manifiesto que la UE no es consciente del desafío integral de una especie de invasión masiva de origen musulmán, sino que además la yuxtaposición con la crisis económica y la crisis del euro están dado al traste con las paupérrimas arcas del Estado de bienestar en la vieja Europa.

A día de hoy, los partidos socialdemócratas y socialistas de prácticamente toda Europa, han consignado sus índices electorales más bajos desde el fin de la contienda mundial. Y los conservadores, anclados en postulados que no terminan de conectar con el presente. En su lugar, han emergido  partidos populistas (de un extremo y otro) que son tildados por sus contrincantes de radicales, xenófobos y/o anti-europeístas.

Con este trasfondo, unido al terrorismo islámico, los nocivos efectos del cambio climático, los conflictos bélicos en numerosas regiones, la ola de refugiados, migrantes y su impacto en las sociedades de acogida, la disparidad de criterios a la hora financiar el mayor gasto social a costa de un mayor déficit y deuda públicas, junto con las particularidades del Brexit y el fin del combustible fósil para mitigar las muertes por contaminación, evidencian que los políticos y los electores están abrumados. Pero en algo coinciden: la resistencia al fin de la era del “papá Estado” .



Cada vez hemos de afrontar a tantos frentes (sociales, económicos, políticos, ambientales, digitales y hasta demográficos) que difícilmente se pueden seguir financiando como antaño. La lenta exterminación de los europeos -con sus casi ínfimas tasas de natalidad- se intenta compensar con millones de migrantes de credos diferentes aún a costa de su integración. A esto se suma la 4ª Revolución digital que imparablemente dará un revulsivo al mercado laboral (con la implantación de los robots, la IA, las máquinas inteligentes) y seguramente hasta a la democracia digital (eDemocracy).

Pretender mantener el estado de bienestar tiene un alto coste. Pero más desgaste tiene negarse al cambio de paradigma y superar la zona de confort. La comodidad nunca es buena consejera. Los más atrevidos son vilipendiados en la opinión pública porque cuestionan los intereses de unas clases privilegiadas. Pero no hay punto de retorno. Como no tiene retorno el reto del cambio climático, el fin del bipartidismo y la Industria 4.0.

¿Cómo se financia todo esto? Esta es la cuestión. En  vez de ahondar en el debate, optamos por la confrontación política y social. Porque nos da pánico lo desconocido.  Ya no vale la política ni la religión (cuestionada además por la impunidad de los casos de pederastia) de siempre. En un país como España, ultraconservadora y ultra-moralista hasta poco antes del 2008, hemos pasado a liquidar los valores y principios más elementales con la crisis, la corrupción y el rechazo a las reformas estructurales. La democracia en Europa depende también del estado de bienestar. Definir las prioridades y los desafíos, su financiación y co-pago pero apelando también a la gobernanza, nos obligará a conjugar nuevos verbos. 

El siglo XXI digital y verde debe plantearse muchas cosas, y tolerar la valentía que se enfrenta a molinos de viento en toda Europa. El interés colectivo frente al individual. Los planteamientos socialdemócratas de antaño frente a los postulados de nuevo cuño de democracia digital.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

CREAR LA IDENTIDAD DIGITAL IMPULSARIA LA DIGITALIZACION DE LA ECONOMIA EN EUROPA

Quien más, quien menos… cuenta con una cuenta de correo electrónico, una cuenta en redes sociales. Imaginar que podamos unificar esa misma cuenta general de usuario para interactuar con la administración pública podría dar un empujón considerable a la digitalización de la economía. 

Se podría pensar que cualquier usuario mayor de edad, con DNI, email y presencia en Internet  podría acceder automáticamente a una cuenta de Identidad Digital (eID) homologada por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y/o por las entidades emisoras del clásico Documento Nacional de Identidad en el caso de España o de sus homólogos en los estados de Europa.



La identidad digital, similar a un DNI digital (eDNI) permitiría entre sus ventajas, conectarse con cualquier organismo público (entidad bancaria y/o plataforma de comercio electrónico entre otros), obviando los tediosos pasos de identificación y autentificación de identidad que el  usuario ha de realizar obligatoriamente ante la Administración, y que en numerosos casos en pro de ciertas garantías de seguridad conllevan a la más absoluta frustración por incompatibilidad de sistemas operativos, navegadores, falta de plugins drivers, fallos del sistema, actualizaciones, obras de mantenimiento en la web oficial, cambio de terminales en el hogar, etc.

La identidad digital europea de todo usuario digital (eID) permitiría de forma particular poder descargar en su propia bandeja de entrada cualquier comunicación, notificación, resolución judicial y/o aviso de la Administración que muchas veces vía CORREOS, BuroFax, mensajeros privados, etc nos llega  casa o no. No sólo las multas de Tráfico, sino también los avisos de Hacienda, Juzgados, Catastro, organismos oficiales, citaciones judiciales, expedientes médicos, etc omitirían con este "sencillo" paso en la era digital los vastos capítulos presupuestarios en recursos humanos, técnicos y financieros dedicados para que muchas veces esas comunicaciones lleguen en papel fuera de plazo, se devuelva a origen o simplemente se pierdan por alguna negligencia ajena a nuestra voluntad. 

El usuario digital con su cuenta de Identidad Digital (eID) recibiría una alerta (al móvil, PC, tablet, mail, etc que así pre-determine) avisando de la llegada al buzón electrónico del contenido de por ej.: una carta certificada, pudiendo descargarla en el momento prescindiendo del papel sin necesidad de tener que acudir a la estafeta de Correos para su retirada en persona previa identificación. Algo parecido ya estamos experimentando desde hace unos años con los recibos de pago de entidades privadas de la luz, agua, gas, teléfono, extractos bancarios, citaciones médicas, etc

Esto no es ciencia ficción. Forma parte de una realidad de un mundo sin papel y de lucha contra el cambio climático en toda la UE que la Identidad Digital se impondrá en un futuro no muy lejano. Su relativo escaso coste de implementación contrasta con el elevado ahorro que ocasionaría en procesos y flujos de trabajo en la administración pública, recorte masivo de envíos de cartas en papel, ahorros presupuestarios, incremento de productividad y efectividad del personal en las todas las administraciones públicas de la UE. 

Pero no se preocupen por CORREOS y otros operadores similares: erradicar el tráfico masivo de cartas certificadas quedará compensado con creces con el negocio del envío de paquetes procedentes de las compras en plataformas de comercio electrónico. 



Nunca antes tuvimos la oportunidad de ganar la partida en la UE a la digitalización de la economía. Y en especial de dar un empujón a la administración pública electrónica y unificar criterios asimismo en la firma electrónica, la factura digital, el intercambio electrónico de documentos intra-europeos, la traducción automática, etc. Para entonces, habremos dado un paso de gigantes para acercarnos a la Democracia digital (eDemocracy),  algún día amparada ésta por una futura Constitución Digital Europea.