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miércoles, 18 de noviembre de 2020

LA MUTACION DEL CAPITALISMO HACIA LA HUMANIDAD 2.0

El comunismo fracasó con la caída del Muro de Berlín y el telón de acero. El capitalismo, que se creía vencedor tras el fín de la guerra fría, está en sus peores momentos. No está siendo capaz de dar respuesta a los principales retos que azotan al mundo desde el siglo XX, como son las guerras, la hambruna, la pobreza pero también las crisis económicas y pandémicas, el paro y la lucha contra el cambio climático que amenaza con hacer pedazos el planeta, acrecentando las desigualdades, poniendo en peligro la democracia y las libertades. Lo malo, es que el capitalismo está sufriendo un proceso de mutación sin que se vislumbre el decorado del final del túnel  ante la inminente eclosión de la Humanidad 2.0

 

Después de haber certificado el fracaso del comunismo con la caída del Muro de Berlín y el telón de acero, me he vuelto más capitalista que nunca. Al menos es el único sistema hoy por hoy que respeta los derechos fundamentales, las libertades y el Estado de derecho con todos sus defectos.

 Ahora bien, este capitalismo en sus diversas facetas (anglosajón, renano, autoritario chino) tiene sus defectos incorregibles no sólo desde su expansión en Occidente al término de la II Guerra Mundial, y en especial, desde las dos últimas crisis más agudas tras la gran contienda: la del 2008 con el estallido de la burbuja hipotecaria y la actual del 2020 a consecuencia de la pandemia del corona covid.

 

Pero el capitalismo que estamos acostumbrados a conocer, al menos en Europa, con el Estado de bienestar y el sufrago de prestaciones sociales, es insostenible. Ha fallado en reajustarse, en gestionar las crisis económica, humanitaria, pandémica y la climática, esta última a la que nos negamos a buscar soluciones por no “molestar” al poderoso lobby del petróleo. Hemos degradado tanto el ecosistema como nunca antes que hemos exterminado una parte considerable de la biodiversidad en las últimas generaciones. Por si no fuera suficiente, cerca de otras 17.000 especies se encuentran actualmente en peligro de extinción por acción de la mano del hombre.

 

El holocausto ecológico, empeorado con el consumismo capitalista, el derrochismo mayúsculo del patrimonio natural y el calentamiento global a través de las emisiones de CO2, amenazan con acabar literalmente con la vida en el planeta azul. Pese a todo, llevamos más de 20 años buscando soluciones entre los países contaminantes (capitalistas y no capitalistas) de forma imposible por falta de quorum. Lo malo es que la degradación prosigue  a marchas forzadas. Las disputas supranacionales se trasladan a los gobiernos de las naciones que cada cual antepone sus intereses domésticos a los consensos globales. En el seno de la UE nos fijamos unas metas que cada país miembro acata, incumple o endurece a su manera. Nunca es urgente ni prioritario acabar con el impacto ambiental y los desastres que afectan ya hasta el mismo salón de casa. Según fuentes de las Naciones Unidas *, en los últimos años los desastres se han  multiplicado, así como el número de víctimas y las pérdidas económicas se acercan a los 5 trillones de dólares. Ante esta nueva normalidad, el mundo mayoritariamente capitalista parece no inmutarse.

 

 

 

 

*Fuente: UNDRR (Oficina ONU Reducción Riesgos de Desastres), 2020

 

 

 

Con la pandemia del covid pasa algo parecido. Al número de contagios y fallecimientos se le une la miseria que ya padecían los países pobres del Tercer Mundo y el fortísimo impacto de los desastres ecológicos sobre sus propias pieles. El primer mundo demasiado preocupado con sus problemas como para atender a los del hemisferio sur, aunque no se cansan de dar lecciones sobre los beneficios del capitalismo y la libertad del mercado. De la solidaridad (moral, política y humanitaria) hace años que nos hemos apeado. Sin embargo, como en muchos temas claves de la geopolítica global, nos negamos una vez más a afrontar in situ las consecuencias de los desplazados, migrantes y refugiados masivos que irán en aumento conforme avance el tiempo.

 

En otro igual o menos importante aspecto constatamos el malogrado modelo del capitalismo moderno con la revolución eco-digital. Los procesos productivos de antaño aún vigentes se resisten a la digitalización del futuro. Prueba de ello, es que la irrupción masiva de la IA, la robótica, el machine learning etc están dejando en cueros al sector secundario clásico: desde la industria agro-alimentaria, energía, transportes, vivienda, educación, sanidad, servicios, hasta incidir en la paz social y relaciones interpersonales. Lo malo de ello, es que el capitalismo se resiste a la madre de todas las revoluciones con la Industria 4.0, que ya está haciendo mella en  los actuales modelos productivos analógicos y pidiendo el paso a una nueva industria, procesos y modelos de gestión revolucionariamente horizontales. La resistencia es comprensible, pero negar la realidad con la crisis actual, el cambio climático, los enfrentamientos polarizados y la falta de entendimiento no contribuyen precisamente a respirar con tranquilidad.

 

No sólo nos jugamos ciertos privilegios del capitalismo sino el temor de adentrarnos en un túnel sin decorado final. Pero no por ello, nos podemos resistir al progreso de la humanidad 2.0 aunque  el sistema capitalista y sus exponentes políticos, más que adelantarse al futuro se aferran al pasado, haciendo uso del  lema: “Si fue bueno durante tanto tiempo en el pasado por qué cambiar las cosas”. Para Frank Thelen, famoso emprendedor alemán de startups y bestseller, lo tiene claro: Si EE.UU hace tiempo que lidera a nivel mundial la nueva economía, China le sigue muy de cerca, pero Europa ha quedado rezagada por remolona ante la falta de iniciativas estatales para fomentar la nueva economía, las incubadoras, líneas de crédito barato, capital riesgo, creación de regiones especiales para acoger emprendedores digitales, y la torpeza adicional de gobiernos tanto regionales como locales de atraer el talento innovador. 

 

Thelen pone como ejemplo la provincia china de Shenzen que en pocos años ha dejado de ser una decadente ciudad pesquera de 300.000 habitantes a convertirse en la nueva Silicon-Valley asiática con 40 millones de habitantes y más de dos millones de empresas tecnológicas registradas. “China ha sabido combinar el poder del Estado con el sistema educativo y política de natalidad para dar un salto cuántico en determinados sectores hasta  ser un motor mundial en el campo de la IA”, exclama. La decadencia de Europa, como no espabile, estará condenada al ostracismo postcapitalista  y en todo caso a padecer con todas las consecuencias la Florida de la Tercera Edad en el sur del continente (con el permiso del covid).

 

 

El capitalismo, aún imperfecto, es un sistema fallido, pese a que  investigadores del Real Instituto Elcano afirmen contundentemente que el “capitalismo es el único sistema posible”. Lo malo es que tampoco existe por el momento otro modelo conocido al que aspirar salvo el que suspiran aquellas figuras mediáticas por el comunismo quebrado del siglo anterior y con efectos nocivos aún mayores para sus prosélitos. Ni siquiera la socialdemocracia más moderada  levanta cabeza en los últimos 15 años a tenor de lo que se observa en Europa. La alternativa no se vislumbra fácilmente y en especial por la ineptitud por alcanzar consensos globales. El egoísmo  antipatriótico de Europa nos enfrenta con el de EEUU, China y Rusia. Hay pensadores (capitalistas) que sostienen por todo eso que la clase política ha dado todo de sí. En España, podríamos suscribirlo al completo, visto el panorama de despropósitos y la nefasta gestión de todas las crisis superpuestas. 

 

Los partidos políticos, nacidos del capitalismo, llevan años, decenios, generaciones sin atreverse a acometer las reformas estructurales por miedo a perder votos. Un prusiano como Bismarck fue el que introdujo los seguros sociales y las pensiones para la vejez en Alemania hace más de 120 años que luego emularon todo tipo de regímenes. La oposición siglo y medio después, hoy reivindica algo y mañana niega su aplicación sin rubor alguno. A escala comunitaria no hace falta que me extienda mucho. Las disputas nacionales se extienden a los acuerdos fallidos por falta de consenso. Cuando no es por defender los intereses del eje París-Berlín (por no decir descaradamente de Alemania), es por los ejes de los periféricos en el Este o en el Sur de Europa. El caso es que las tremolinas impiden tomar medidas y lo que es peor, implantar las ayudas urgentes para paliar el paro masivo, la llegada de migrantes, la extensión de barrios de miseria, el fin de las clases medias, las muertes y los efectos anestésicos del covid por desidia de las autoridades. En vez de reconocer los millares de muertes, hay cancillerías que incluso presumen de las vidas salvadas para blanquear las monstruosas cifras de defunción .

 

Pero si no damos una oportunidad a la clase política como elemento de democracia representativa es como cuestionar el capitalismo. No sabemos quién debería tomar la batuta. Demasiados ejemplos de inacción europea hemos sufrido en el viejo continente como para pensar que podemos mirar eternamente a nuestro aliado EEUU para que nos saquen las castañas del fuego del pasado, como las guerra en Yugoslavia, Georgia, Ucrania, Afganistán, Iraq, Siria, el terrorismo, la crisis del euro, los refugiados, la pandemia del covid, el cambio climático, la hambruna en Africa, Oriente Medio o las dictaduras en Latinoamérica.

 

Suplir los partidos políticos y al capitalismo por algo aún amorfo es demasiado osado. La democracia capitalista nació y se propagó para poner fin al feudalismo, el poder de la Iglesia y posteriormente las dictaduras fascistas y comunistas de Marx y Engels. Sin embargo ha sido incapaz en lo que llevamos desde el siglo XX de imponer la paz y acabar con los estallidos bélicos, el masivo desempleo, las hambrunas, los conflictos de los mercados, la explosión de la deuda y, más recientemente, la pandemias y el holocausto ecológico. ¿Qué pasará cuando se emprenda la revolución digital y descomponga la economía sin una receta sólida de empleo para la humanidad 2.0?

 

El ecumenismo religioso -que sería lo deseado en el plano político-, también lo viene intentando desde el siglo XIX sin lograrlo y los cismas perduran. La alternativa tampoco puede regresar al pasado. Pero pensadores cum laude constatan que no podemos seguir como hasta ahora, porque en vez de arreglar nuestros problemas los agrandamos. El agua nos llega literalmente al cuello y no sólo por las riadas y el deshielo. El célebre economista norteamericano de origen austro-checo de la escuela de Harvard, Joseph Schumpeter, ya predijo en 1942 el fin del capitalismo al ver inviable que todas las mujeres usaran medias de lycra. Pretender socializar el derroche consumista, las desigualdades, el endeudamiento, el descontrol del paro, los conflictos y las múltiples crisis ahondando la miseria por extasiar las ubres del Estado del bienestar, tampoco es viable en el capitalismo actual como constatamos. La globalización, resultado del capitalismo hiperconectado, agrava el panorama.

 

Fracaso o no, si el Capitalismo en el siglo XXI de la era eco-robótica y el dinero digital no es capaz de dar respuestas duraderas y salvar al mundo de las guerras, de la hecatombe planetaria, y de idear un nuevo modelo productivo sostenible postcovid podría estar encaminándonos hacia un abismo insalvable. A esto no ayuda, las continuas disputas ideológicas hiperventiladas  en el  seno de las agonizantes organizaciones internacionales desde hace años. Lo que no vislumbra el final de la mutación.  

 

Como humanista convencido, había creído incrédulo de mí, que la humanidad, con independencia de creencias y postulados ideológicos, sería capaz de un bienestar sostenible ético. Pero el capitalismo postcovid descarbonizado más cercano igual lo agrava. La incapacidad de nuestros gestores no infunda mucha confianza. Las tan cacareadas democracias participativas y una hipócrita gobernanza son un camelo si nos limitamos a los hechos. En una charla con inversores, uno de los fondos de inversión australiano más potentes del mundo, el Macquiarie Private Bank, confesaba que: “El capitalismo convencional ha muerto o por lo menos está mutando hacia una nueva versión del comunismo”.

 

El sistema de bloques, como en la guerra fría, Occidente versus Asia, Capitalismo versus Comunismo capitalista, pero vigente 30 años después de la caída del telón de acero, tampoco son la solución. El multilateralismo que echó andar con la conferencia de Bretton Woods hace 70 años sentando las bases de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial y el FMI, no está arrojando todos los resultados esperados con la pandemia y la crisis desatada y tampoco parece muy apta para dar paso a la era de la IA sin abrazar la austeridad de los capitalistas renanos con los que más simpatizamos. 

 

Lo único que creemos saber algunos, cualquiera que sea el patrón que emerja tras el Capitalismo,  es que ha de asumir un mínimo de trazos, como: salvar la vida (humana y animal) del planeta como prioridad primera sin más demora, acabar con las hostilidades, implantar la paz duradera universal, erradicar las hambrunas, las desigualdades,  las migraciones económicas, la despoblación y contener la alta natalidad como premisa de garantizar un mínimo de bienestar colectivo. Esto unido a afrontar la era cognitiva sobre los efectos de la IA y explorar vida humana en los confines de nuestra Via Láctea. Obviamente, negarse a todo ello, sería acabar con la poca vida (inteligente) que conocemos en la Tierra y autodestruirnos. Como decía Janine Wissler, del partido alemán DieLinke (comunistas reformados) en una reciente entrevista: “El final del capitalismo no tiene que significar el final de la historia”. En efecto, la historia  tiene que continuar.

 

 


miércoles, 24 de junio de 2015

DESMORALIZANTE LA MORAL POLITICA ESPAÑOLA SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO

Grandes aspavientos contra el #CambioClimático y elocuentes discursos en la lucha por defender los intereses de la Cumbre del Clima, pero la moral y ética políticas en España se asemejan a un adefesio. A los expedientes abiertos en la Comisión Europea contra España por el tema de las renovables, se le suma ahora la obsesión del ejecutivo español por penalizar lo que hasta la Encíclica del Papa Francisco sobre el medio ambiente pregona para proteger el ecosistema. 

Se da la esperpéntica situación que en España la colocación de placas solares o autogeneradores de eólica en nuestras viviendas para el autoconsumo de renovables van a ser penalizados con una tasa superior a la fuga nuclear.




En qué país de moral católica-apostólica vivimos con tanta incongruencia que pese al incumplimiento de la normativa "Europa 20-20-20" para luchar contra las emisiones de #CO2 a la atmósfera seguimos primando al petróleo frente al consumo de las energías limpias y renovables? 

En qué país vivimos que la mayoría de nuestros vecinos del entorno europeo y con muchas menos horas de sol fomenta y alienta las placas solares y autogeneradores eólicos para contribuir sobremanera al Cambio Climático, y aquí aún mantenemos la inconciencia que expulsa millones de toneladas de dióxido de carbono y otras partículas contaminantes de forma gratuita?

En qué país vivimos, que en medio de la crisis económica más dura de todos los tiempos, seguimos apostando por el ladrillo nuevo mientras que olvidamos que el 80% del parque de viviendas españolas adolece de ineficiencia energética (fuga y derroche), pudiendo rebajar el sangrante paro reactivando este sector con la rehabilitación de las viviendas y cumpliendo con los objetivos del cumbre de la Tierra?

En qué país vivimos que nos negamos también a apostar por la #economía #verde como sector estratégico como en la mayoría de nuestros vecinos y que sólo en España podría generar hasta 2 millones de empleos y oficios nuevos, mientras en su lugar nos obcecamos con mantener  inalterable nuestro modelo productivo (ladrillo, turismo, automoción ?)

En qué país vivimos que como buenos moralistas católicos, en vez de ser la causa solemos ser el efecto y caminar en retaguardia para liderar determinadas revoluciones tecnológicas como la #digitalización de la economía desalentando la expansión de la banda ancha y de los emprendedores digitales (según ciertos gurús España podría generar otros 2 millones de empleos nuevos gracias a Internet y las nuevas tecnologías (TICs) mejorando a la vez nuestros niveles de exposición de contaminación atmosférica ?

Mientras una entidad anquilosada en el pretérito como es el Vaticano se sacude la caspa con el nuevo Papa y su última Encíclica apela por una "revolución cultural" para salvar el Planeta y proteger el medio-ambiente, nosotros vivimos en un país que aspira a quitarse los complejos de enano en política exterior, se postula al G-10 y a mantener un asiento permamente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mientras el ejecutivo (predecesores y actuales) se postran en rehuir del cambio por temor no a la causa en sí sino a perder votos domésticos. Acabamos de concluir unas recientes elecciones municipales y autonómicas en España y me atrevería a afirmar que casi ningún partido ha debatido ni incluido en su programa electoral propuestas medioambientales. Esto denota nuestra baja conciencia ecológica y el nulo cuidado que hace de esta materia nuestra casta. Desde luego con esta monogamia de pensamiento, palabra y obra no vamos a llegar muy lejos, y menos a salir de la litúrgica crisis  estructural con fórmulas clásicas.






jueves, 22 de mayo de 2014

¿ES SOSTENIBLE EL TURISMO MASIFICADO EN ESPAÑA ?

El turismo es una de las industrias más potentes de la economía española: los 60 millones largos en el 2013, convierten a España en el tercer destino receptivo del mundo. El turismo representa más del 12% del PIB español y da empleo a millones de empleos, tanto directos como indirectos (Ver Turismo en cifras). Sin embargo, aunque sea una fuente generadora de divisas, ingresos y riqueza, algunos se plantean si estamos superando el nivel de sostenibilidad debido a la masificación de ciudades y puntos en  Madrid, Barcelona, Canarias, Baleares, Málaga, Sevilla, etc.

En una ciudad como Barcelona, convertida ya en quinto destino mundial para el turista extranjero, cada año llegan más de 7,5 millones de turistas por tierra, mar y aire. Cada vez más afloran voces críticas que exigen al Gobierno de la Generalitat y de la ciudad de la ciudad condal, repensar Barcelona como destino turístico. ¿Está realmente preparada Barcelona -como el resto de destinos turísticos españoles- para acoger tal masificación de visitantes extranjeros todos los años? ¿Es sostenible la masificación del centro, de las rutas y puntos históricos de atracción desplazando a los lugareños? Ciudades como Barcelona, ¿están diseñadas para "convivir" con tanto turista? ¿Es sostenible la difícil convivencia entre los extranjeros (visitantes de paso) y los vecinos del lugar? ¿Es sostenible el #colapso al que parece conducirnos tal tendencia creciente de visitantes?   ¿La convivencia entre los turistas y los lugareños ha superado los niveles de tolerancia? Lo peor de todo es que, siguiendo con el caso de Barcelona, sus autoridades no parece contar con un plan  estratégico de futuro para mantener el "monocultivo" del turismo, que por otro lado está degradando  los servicios, infraestructuras, hasta el entorno y el patrimonio (humano y arquitectónico).



El  turismo insostenible, en ciudades como Barcelona, es causante de otras muchas dolencias medio-ambientales, como exceso de contaminación del aire, del agua y otros recursos naturales. La sobre-explotación del patrimonio natural sin su reposición también está generando un peligro para la sostenbilidad de la vida en las grandes urbes, el bienestar general y, lo que es más importante, la salud de las personas. 
Barcelona es una de las ciudades más contaminadas de Europa con cerca de 20.000 muertes anuales directas a causa de las enfermedades derivadas de la exposición de CO2 a la atmósfera.
El impacto como consecuencia de la destrucción del suelo, agua, espacios, aire y excesivo consumo de energía y masiva generación de residuos, contaminación y destrucción del entorno (huella ecológica), nos debe plantear si realmente alentar tanta masificación de turistas sin contra-medidas y contra-prestaciones es sostenible a largo plazo. Si tuviéramos que medir económicamente los daños producidos del turismo masificado (incluyendo las externalidades y el impacto sobre el patrimonio natural), tal vez nos llevaríamos las manos a la cabeza.

Me temo que todas estas cuestiones y estudios que avalen las decisiones no tienen una fácil respuesta. Pero sí es cierto que tanto el sector, los profesionales del ramo, los expertos en estudios, como las autoridades y las comunidades de vecinos, deben replantearse su futuro para dar con ese equilibrio que en el fondo todos aspiramos. El debate queda abierto.






sábado, 26 de enero de 2013

SUPERAR LA CRISIS CON MEDIDAS AMBIENTALES

La Economía Verde es un sector emergente en España y con bastante recorrido en comparación con otras potencias del mundo. De acuerdo a ciertos cálculos, la economía verde podría generar en España más de 2 millones de empleos, elevar el PIB y generar cientos de oficios y profesiones nuevas. Al nivel de destrucción del entorno natural que llevamos será imposible la paz, la democracia y convivencia. Todo lo contrario: los desastres naturales, los conflictos, las guerras y la cada vez mayores ingentes sumas de dinero para su mitigamiento se irán acrecentando. Planeta Tierra sólo tenemos uno.




Cambio climático y energía: reducir las emisiones de forma importante como forma de luchar contra el cambio climático, fomentando una Ley de cambio climático que mejore la Eficiencia energética y energías renovables.
- Construcción sostenible: una manera de reactivar el sector de la construcción en España podría pasar por rehabilitar el parque de más de 10 millones de viviendas en todo el país (tanto privada como pública) con unos deficientes índices de eficiencia energética: derrochando energía, agua, calefacción, emisiones de CO2, residuos, etc tanto en fachadas como suelos, techos, paredes e interiores. Otra medida pasaría por fomentar los consumos verticales de energía renovables.
- Transporte y movilidad: supeditar la construcción de infraestructuras a la demanda real y alentando una movilidad sostenible, dentro de la cuál el ferrocarril y la red de transporte público sea un medio de prioritario para personas y mercancías.
Calidad del aire: marcarse la meta de que toda la población respire aire sano, no contaminado, antes de 2015.
- Residuos: incidir en el reciclaje y la reutilización de residuos, incrementando los porcentajes y calidad de este servicio, con medidas como la prohibición de las bolsas de un sólo uso antes del 2013 y con Sistemas de retorno de envases.
Biodiversidad: Mejorar la gestión de Red Natura 2000 para maximizar sus objetivos y cumplir el Plan Estratégico de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, así como elaborar los planes sectoriales. Máxima prioridad a las zonas verdes, forestales y espacios protegidos , todos ellos como pulmones de oxígeno y compensadores del Co2 en la atmósfera. Cada humano precisa de unos 22 árboles al año para respirar  oxígeno. 
Medio Marino: Respetar la Ley de costas sin  un deterioro de las mismas, trabajar por el futuro de la pesca  y seguir invirtiendo recursos en la Red Natura 2000 marina.
Agua: que el precio del agua refleje con fidelidad los costes de extracción, transporte y tratamiento, mejorando la política hidrográfica, la construcción de grandes embalses, trasvases entre cuencas y vigilando los acuíferos. El exceso de consumo tiene que tener los días contados porque es un  recurso natural muy limitado.


Medio rural: Secundar la apuesta europea por una agricultura más verde que promociona los productos locales y un sector agrícola sostenible. Por otro lado, potenciar la vida en entornos rurales y ciudades pequeñas con mayor calidad de vida y salud, desmasificando las grandes urbes por la falsa creencia que el futuro es urbanita.
- Fiscalidad ambiental: una Ley de fiscalidad ambiental que reduzca los impuestos indirectos a los productos “más verdes”, y al contrario, que penalice las actividades empresariales que atenten contra el entorno, incentivando a las empresas sostenibles. Quien contamina que pague.
- Consumo responsable: No tiene ningún sentido "consumir por consumir" provocando una importante huella ecológica, como consecuencia del derroche energético y proliferación de residuos imposible de gestionarse, al mismo tiempo que agotamos nuestro escaso patrimonio natural.
- Las nuevas tecnologías (TIC´s): son un factor de competitividad y de sostenibilidad importante ahorrando en desplazamientos innecesarios, contaminación, energía, C02, tiempo y recursos. Smart ctities y la domótica en casa ayudan a racionalizar el consumo energético. La democratización de la banda ancha no sólo puede crear 2 millones de empleos nuevos en España sino que mejora la competitividad así como fomenta la formación y educación permanentes.
- PIB-e: Ya es hora que se haga una valoración económica de las "externalidades" del conjunto de las actividades productivas del país con impacto ambiental que no se reponen. En este sentido se multiplican voces autorizadas que reclaman el  cálculo del Producto Interior Bruto Ecológico