Mostrando entradas con la etiqueta economía digital. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economía digital. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de junio de 2018

DE LA OBSOLESCENCIA LABORAL PROGRAMADA A LA VIDA DE 100 AÑOS

--La mayor longevidad traerá cambios profundos que afectarán el trabajo, el ocio y la cuarta edad en la economía digital y circular.

La mayor longevidad y esperanza de vida están provocando un cambio de paradigmas. Traerán profundas alteraciones sociales y económicas, que no harán sino acentuarse con la 4ª revolución industrial en marcha, la robotización e inteligencia artificial en la economía digital y circular. Sin embargo pocos agentes sociales lo advierten. Estamos pasando de la actual “obsolescencia laboral programada” a una vida de múltiples etapas de más de 100 años.

La obsolescencia laboral programada se refleja en el hecho comúnmente adquirido de soltar lastre a partir de una determinada edad porque supuestamente la sociedad y las empresas desean dejar paso a una fuerza laboral más joven. El enorme daño que produce la pérdida de talento para la economía renunciando a trabajadores mayores de 45/50 años –en contra de su voluntad en muchos casos (salvo excepciones)--, no se compensa con una clase pujante de menos edad en unos tiempos en los que además se imponen las máquinas inteligentes y los robots.   

De la vida en tres etapas que hemos conocido hasta ahora desde el siglo XX (niñez/adolescencia de 0-15 años, la edad productiva 16-45 años y la madurez o jubilación, es decir entre los 46-85 años) y difícil de soportar financieramente a largo plazo, pasaremos a la vida de múltiples etapas con una cuarta edad que rayará una longevidad de los 100 años y que nos forzará a buscar su sostenibilidad.

Pero pese a todo, los agentes sociales siguen obcecados en ver las ramas, pero no los árboles ni el bosque. El aumento de la longevidad alterará nuestra  zona de confort que hemos disfrutado desde el siglo XX.

Ni la clase política, ni los gobiernos, empresas, gestores de recursos humanos e incluso los gurús del management se atreven hoy por hoy a admitir el próximo sorpasso por la vida de múltiples etapas e idear cómo mantener el sistema sin alterar la paz social. 

Segar el trabajo activo a los mayores de 50 años por razones estéticas a pesar del aumento de la esperanza de vida en la UE sin fuentes de ingresos alternativos, hará más endeble y vulnerable el estado de bienestar actual (o economía social de mercado según otros) para asegurar el futuro de la sociedad occidental.






¿Tendremos suficiente capacidad de adaptación y masa financiera muscular para soportar una era en la que convivan nuevas etapas de transición en educación, trabajo, ocio, el retiro activo y la cuarta edad? Los periodos de cotización a la Seguridad Social serán cruciales a diferencia del modelo actual para garantizar los ingresos públicos que el Estado precisará para costear los efectos de una mayor esperanza de vida, nuevas enfermedades seniles y muy probable el aumento de casos de dependencia.

Ya apuntábamos en el 2011 en otro paper que precisamente por la evolución de la pirámide vegetativa invertida en España nos urge debatir un nuevo seguro social obligatorio que a partes iguales sufrague los casos de dependencia del futuro como practican desde hace más de 20 años otros países europeos, sin cargar a las arcas de las pensiones públicas y de los consistorios tan elevado coste.

La resistencia al cambio no puede hacer inmune tampoco toda una batería de conquistas sociales vigentes desde el siglo XX a raíz de  la I Revolución Industrial, como son: la semana laboral en torno a las 40 horas semanales, el seguro del desempleo, el pago de baja por enfermedad, por incapacidad y maternidad, así como las pensiones, así como las inversiones  en educación y salud públicas.

La realidad es que el envejecimiento de la población se intensifica, y con cada década que transcurre, como apuntan ciertos autores, nuestra esperanza de vida aumenta unos 2 años (situando ese listón en cerca de los 100 años pronto en algunas sociedades avanzadas), haciéndonos preguntar si los esquemas del siglo pasado tendrán cabida, en plena era digital y circular, en la futura vida de múltiples etapas a la que nos abocamos.

Más info en:

sábado, 28 de febrero de 2015

EL IDIOMA DIGITAL: EL NUEVO `ESPERANTO´ DE LA ECONOMIA EUROPEA



Se habla mucho de la idoneidad de aprender idiomas extranjeros: inglés, alemán, chino, árabe, etc porque nuestro futuro profesional dependerá del nivel de entendimiento y negociación en otras lenguas. Mucho se ha politizado en el tema pero poco se ha avanzado. Seguimos chapurreando y malhablando en cualquier idioma extranjero.
En España se da la circunstancias que en algunas partes del territorio, la gramática del español/castellano no se aprende, se ningunea, se borra de la vía pública  y hasta se vulnera sentencias judiciales en su defensa. Sus detractores se conforman a lo sumo con practicar el lenguaje oral, aún a costa de un deficitario registro idiomático, ortográfico y léxico de todos sus alumnos (españoles). En vez de visualizarse las ventajas de las CC.AA. bilingües añadiendo otro(s) idiomas extranjeros, parecen seguir anclados en patrones mentales decimonónicos. Luego lamentarán que esos jóvenes en edad laboral tengan sus limitaciones connaturales e idiomáticas.


Sin duda los idiomas: oficiales, co-oficiales, extranjeros, lenguas muertas, son importantes porque vivimos en el siglo XXI de las comunicaciones. Sin embargo, también nos olvidamos de otro idioma cuando menos, igual o más relevante que todos los anteriores. Se trata del idioma DIGITAL.  El mundo del mañana no se entenderá sin un idioma global como el digital. Me temo que autoridades, educadores, padres de familia y tutores estamos prestando poca atención a este nuevo idioma, porque si no no se entiende que pese a la globalización de las redes y a la digitalización de la sociedad y la economía, en España obviemos su relevancia estratégica y su parca inversión estratégica. A lo sumo, la política industrial española contempla a fecha de hoy  la “administración electrónica”, como si los usuarios no tuviéramos derecho a más.

 Otros países más aventajados, ya apuestan seriamente por digitalizar TODA su economía (administraciones públicas, entidades privadas y sociedad civil). ¿Por qué? Porque asumen que las TICs (tecnologías de la información) moverán la industria, los servicios, el sector primario, la educación, la familia y el ocio. Por ello hace tiempo que se habla de la Industria 4.0, del Internet de las cosas, del Big Data, de la interconexión e interactividad entre sí de toda la maquinaria industrial, de las oficinas, del hogar y de las actividades de recreo. Apenas daremos un paso adelante sin que intermedie un chip o una conexión de banda ancha, wi-fi o satelital. El idioma digital será el nuevo petróleo de las economías modernas. Los emprendedores serán digitales y no presenciales como hoy en día. Del cloud computing pasaremos al Cloud Thinking y en especial al Cloud Feeling.

Digitalizar la economía, la administración y el hogar pasa por apostar por un despliegue de redes de banda ancha hasta todos los rincones del país. En especial de las zonas sombrías y núcleos rurales. Estos últimos para democratizar, socializar y revitalizar el desarrollo federal (ecuánime) de las zonas más despobladas del país. Con las TICS podremos volver al campo porque tendremos las mismas herramientas que los emprendedores digitales, pero viviendo en una zona más natural, menos contaminada y con mayor calidad de vida que las futuras mega-urbes.
La formación continuada sustituirá a la reglada  pues gracias a las TIC´s podrá llevarse a cabo las 24 h del día los 365 días del año, a gusto del usuario, no dependiente de horarios comerciales y a unos costes casi cero.
Pero el idioma digital no se aprende por generación espontánea. Como los idiomas extranjeros, el idioma digital requerirá de sus esfuerzos: manejar y dominar todo el entorno digital, herramientas y descubrir las posibilidades, todo ello apoyado con unas redes `ultrasónicas´. Por su parte, los formadores tendrán que estar a la altura. No hablamos de manejar lo más básico, sino de incitar, motivar y despertar la pasión  a pensar en digital (cloud thinking) y actuar en digital (cloud feeling). Cuanta mayor alfabetización digital obtengamos, antes descubriremos todas las ventajas y desventajas que se nos brindan, elevando nuestro nivel de competitividad y de interactividad (inter-) planetaria.

Los emprendedores del futuro serán digitales. Hoy en día hay países con una tasa del 40% de emprendedores digitales que están en red con sus nuevos negocios online. Si queremos combatir el desempleo en países europeos, como España, mejorar las tasas de fracaso escolar, favorecer la formación continuada y en suma aumentar la productividad, parece obvio apostar por una nueva política industrial que contemple el despliegue de la banda ancha por todo el territorio y universalice Internet 2.0  como antaño el agua, la luz , el teléfono o la señal de TV. Hay quienes afirman con razón que la banda ancha  podría generar en España  2 millones de empleos nuevos. Yo me atrevo a elevar esa cifra si pensáramos en digital. Los emprendedores digitales interactuarán con la administración pública, la industria, los servicios, el campo, la oficina, la familia, la escuela, el trabajo, la política y el ocio. Todo ello en tiempo real, no con el desfase anacrónico actual. Invertir en enseñar el nuevo idioma digital, tal vez sea la mejor inversión estratégica que Europa y España hayan hecho jamás, tanto desde el punto de vista del PIB como desde el punto de vista del impacto ambiental. El poder político y los operadores privados percibirían pronto su rédito con una industria digital puntera que actuaría de locomotora. Me remito a esos países que ya piensan en digital y han empezado a digitalizar su economía. El miedo es infundado, los beneficios enormes para un país tan privilegiado como el nuestro, pero que con tanta facilidad nos negamos al cambio.